Tina

UNA FALSA PROMESA

 

    “Me abandonaron cuando era bebé en un orfanato rural en Brasil.

    No había abrazos ni cariño; solo disciplina, tareas y silencio. No me permitían ser la chica que sabía que era. Me hacían sentir mal por el simple hecho de existir. Cuando cumplí 18 años, tuve que irme. Mi familia biológica intentó acogerme, pero en cuanto vieron quién era realmente, me rechazaron. Aprendí a sobrevivir sola, en silencio, buscando la paz.

    Un día, una mujer se me acercó. Era amable, cariñosa y todo lo que yo desconocía. Me dio consejos, ropa y atención.

    Luego me llevó a una bombadeira que me inyectó silicona. Dijo que me ayudaría a verme mejor. Luego vino la calle. La verdad.“

Escape y renacimiento

Ella no era de mi familia; era una traficante. Más tarde, me ofreció un sueño: Italia. Un lugar donde se respeta a las mujeres trans, donde podría ganar un buen sueldo y finalmente ser libre, una vez que pagara mi "deuda". Le creí.

Italia no fue un sueño. Fueron más noches en la calle, más miedo, más violencia. Pero logré liberarme. Pedí ayuda. Y alguien me escuchó. Gracias a una red de asociaciones y profesionales, encontré seguridad. Un hogar. Apoyo para mi salud. Empecé a estudiar de nuevo, a trabajar, a reconstruir. Obtuve mi diploma escolar. Empecé un nuevo trabajo. Y finalmente, me concedieron el estatus de refugiada. No puedo regresar a Brasil, donde las mujeres trans como yo sufrimos violencia constante. Pero aquí, he encontrado esperanza.

Todavía luchando

Ya tengo documentos. Estoy a salvo. Estudio. Trabajo. Pero el dolor no desaparece.

En la ciudad, los hombres me acosan: italianos, extranjeros, da igual. Evito salir.

Mi identificación todavía dice "M". Cada vez que la muestro, me veo obligado a explicar quién soy. Mi mejor amigo sigue trabajando en la calle.

Hace un año, nada de esto parecía posible. Hoy sí lo es. No es un final feliz, todavía. Pero es mío.